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Una docena de mujeres que ha sufrido la violencia machista relata en primera persona su testimonio como ejemplo de que hay salida, como invitación a "no aguantar los malos tratos y denunciar", una voz "contra la violencia" que ha recogido CCOO en una publicación divulgada hoy.
La publicación "Contra la violencia ... tu voz" ha partido de CCOO de Zamora y ha servido al sindicato en Castilla y León como mensaje para este 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género, para recordar que la violencia machista no se debe ocultar, no hay que callar, hay que pedir ayuda, es un problema de todos y se puede salir.
De distinta edad y condición social, españolas, inmigrantes, de etnia gitana, las doce mujeres coinciden en sus relatos anónimos en los comienzos felices de sus relaciones, en las que, en la mayor parte de los casos, nada les hacía temer que esa persona pudiera ser un maltratador.
"Cuando me quise dar cuenta ya no era yo", confiesa una joven de 29 años, casada y con una hija, que hace dos años decidió que debía terminar su pesadilla tras años de insultos, faltas de respeto y golpes, y a la que la Guardia Civil le ayudó a decidirse a poner la denuncia.
"Algún día pensaba porqué no me quitará la vida y de una vez por todas terminar con tanta tortura", llegó a pensar otra de las mujeres maltratadas que narra su vivencia, casada, con dos niños, procedente de otro país, quien explica que aunque cueste se puede salir adelante y que "ninguna mujer merece ser maltratada".
En el camino hacia la salida las mujeres se han encontrado con el apoyo de la guardia civil, una amiga e incluso el médico de atención primaria que les ha ayudado a dar ese primer paso de poner la denuncia, aunque lo habitual es que tras años de aguantar maltrato físico o psicológico llegue un día en el que decidan por su vida y digan "ya no más", en palabras de otra de las maltratadas.
"Me decía todos los días que me iba a matar, todos los días me lo repetía... y me decía de qué modo lo iba a hacer", explica una de las víctimas.
"Yo les pediría" a las mujeres maltratadas que "no estén calladas. Que hablen, que pidan ayuda, que se dirijan a los sitios que hoy te dan esa oportunidad a rehacer tu vida, a buscarte quizá un trabajo, y si tienes hijos hazlo por ellos, no aguantes, no merece la pena", reflexiona otra maltratada con una historia detrás que se remonta a los años 60 con "8.000 noches" conviviendo con un maltratador, en una época en la que se hacía oídos sordos a esta violencia.
"Anda, vete para casa que eso se arregla debajo de las mantas", tuvo que escuchar del juez de paz una madre maltratada, cuya hija testimonia ahora ese infierno de veinte años, con la incomprensión familiar y vecinal añadidas, ante un padre completamente distinto puertas afuera.
Aquella ventana desde la que otra de las maltratadas veía su vida se fue haciendo cada vez más pequeña hasta convertirse "en una mirilla, que no deja ver más que un punto diminuto", y que la llevó, en un arranque de valor, a buscar un teléfono y contar con los profesionales que sin tener que identificarse le ayudaron a dejar de tener que "consumir la vida son poner remedio".
Casas de acogida, ayuda de psicólogos y familia están detrás de muchas de estas historias de éxito en el camino hacía la luz, con el mensaje de que "se puede salir de los maltratadores para que cada vez sean menos" de otra de las víctimas.
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